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Yehudi Menuhin nació en Nueva York el 22 de abril de
1916, estudiando violín desde los cuatro años de edad
con Sigmund Anker en San Francisco, su primer maestro;
y debuta a los 7 años con la Sinfónica
Española. Posteriormente amplió sus estudios
con Louis Persinger, que a los 8 años lo hace
debutar profesionalmente. Su presentación en Nueva York
con 10 años fue un fulgurante éxito que le sirvió para
debutar en Europa en 1927.
En
el viejo continente se pone en manos de George Enescu,
entonces descubrió que "interpretar equivalía
a ser", como reflejaría más adelante
en su diario. Paulatinamente iría desarrollando
y madurando sus criterios y valores más característicos,
entre los que destacarán la capacidad de trabajo,
la autoexigencia, así como una concepción
del arte estrechamente interrelacionado con la vida.
"Recuerdo vivamente mi primera lección con Enescu.
Mi madre me llevó a su casa y esperamos en el salón,
al poco rato apareció el maestro con su violín y comenzó
a tocar una Partita de Johann Sebastian Bach. Ahí verdaderamente
comenzó mi amor por el instrumento".
En noviembre de ese mismo año presenta en Nueva York
el Concierto para violín opus 61 de Beethoven bajo la
batuta de Fritz Busch, convirtiéndose entonces en la
portada de los principales diarios del pais. Rápidamente
se organizaron giras de conciertos por Estados Unidos,
Berlín (1928) y Londres (1929). Su primera grabación
fonográfica data de esta época.
En los años 30, Menuhin estudia simultáneamente con
Enescu, cuya influencia en la estética musical del muchacho
fue definitiva, y con Adolf Busch. Su madurez es tal
que cuando Fritz Kreisler renuncia a grabar el concierto
para violín opus 61 de Elgar, del que era dedicatario,
es Menuhin el elegido para realizar el registro fonográfico
con el propio Elgar (75 años) a la batuta.
Su actividad en el bando aliado durante la Segunda
Guerra Mundial le llevó a dar 500 conciertos en diversos
destacamentos de las tropas. De esta época existe un
film propagandístico en el que Menuhin interpreta el
Vuelo del Moscardón y el Ave María de Schubert.
Menuhin asumió con gran valentía la defensa de Wilhelm
Furtwangler cuando éste fue acusado de colaboración
con el régimen nazi. El violinista no sólo publicó escritos
al respecto, sino que en un acto extraordinariamente
antipopular se convirtió en el primer judío en tocar
con la Orquesta Filarmónica de Berlín, con Furtwangler
al frente, tras el episodio nazi.
Desde 1959 Menuhin se instaló en Londres, haciéndose
cargo del Festival Bath (1958-68), el Festival Windsor
(1969-1972) y el Gstaad Festival. En esta época se sitúa
el comienzo de su interés por el vegetarianismo y la
cultura india.
En 1962 funda cerca de Londres la escuela superior
de música que lleva su nombre.
Durante
los últimos años de su vida abandona
el instrumento para dedicar casi todo su tiempo a la
dirección orquestal.
Conocido también como humanista y filántropo, en 1960
recibió el Premio Nehru de la Paz y en 1992 fue embajador
de buena voluntad de la Unesco.
Falleció en Berlín el 12 de Marzo de
1.999.
La carrera artística de Menuhin, desarrollada a lo
largo de siete décadas, es una de las más espectaculares
de nuestro tiempo. Como violinista, primero, y, luego,
como director de orquesta, ha protagonizado las más
importantes convocatorias de los principales escenarios
internacionales, junto a los mejores solistas y formaciones
orquestales.
Aliando la técnica irreprochable con una comprensión
extraordinaria de la música, trabajó un repertorio muy
amplio, de Bach, Ravel y Beethoven a la música de vanguardia,
de la música barroca a las improvisaciones de jazz con
Stéphane Grappelli. Le gustaba acompañar y dar a conocer
todas las músicas.
Su fascinación por las distintas culturas lo llevará
a tocar, tanto con Ravi Shankar, como con sus amigos
cíngaros, cuya causa defenderá, destacando así que la
búsqueda de la belleza y el compartirla con los demás
son valores universales.
A lo largo de toda su vida, Yehudi Menuhin se preocupó
por las grandes cuestiones de este siglo: tan sensible
a la educación como a los derechos de las minorías,
convirtió en una cuestión de honor el concretar siempre
sus acciones. Nunca dejó de librar combates por la música,
la paz y la convivencia entre los hombres; ante todo,
fue un humanista comprometido con la defensa de los
derechos humanos. A lo largo de su carrera de músico
emprendió sin tregua la defensa de los más débiles,
lo que le valió numerosas distinciones, entre las que
cabe destacar la de "Lord", el Premio Mundial de la
Paz en 1979, el Premio Nerhu de la Paz en 1960 y el
Premio Príncipe de Asturias a la Concordia en 1997.
En 1945 intervino en el concierto de inauguración
de la ONU y volvió a actuar en Alemania, preconizando
la superación de las graves secuelas de la guerra. En
numerosas manifestaciones públicas defendió la tolerancia
y cooperación entre diferentes pueblos y culturas.
En 1992 promovió la constitución de la Fundación Yehudi
Menuhin a la que asignó como cometidos prioritarios
la integración social de niños desfavorecidos a través
de actividades artísticas, la defensa de los derechos
de las minorías culturales, el fomento de la tolerancia
cultural y la creación de redes de cooperación internacional
en los ámbitos de la educación y la cultura.
Era un hombre comprensivo, abierto a todo tipo de
opiniones y creencias. Era "un hombre bueno" en el sentido
machadiano. Era el ejemplo viviente de esa frase tan
sencilla y tan genial de Sancho Panza: "Señora, donde
hay música no puede haber cosa mala".
El año 97, al recibir el Premio Príncipe de Asturias,
junto con Rostropovich, dijo en su discurso que quizás
ellos eran los eslabones del hombre nuevo, el hombre
que se debería dedicar con todas sus fuerzas a enseñar
y propagar la música entre los niños, con la firme creencia
de que así se mejoraría el mundo.
Todos los que amamos y vivimos la musica nunca podremos
agradecer suficientemente, toda una vida de Menuhin,
dedicada a los demás: como violinista, como director
de orquesta, como profesor y como persona entregada
y preocupada por la defensa de los derechos humanos
y el apoyo a los más desfavorecidos.
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